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Anteriormente tocamos los principales puntos de las características en los empaques de juguetes, a continuación te presentamos la segunda parte.

Facilidad de almacenamiento, uso y disposición. Los mayoristas y detallistas prefieren presentaciones fáciles de embarcar, almacenar y colocar en los anaqueles. También gustan de empaques que protegen los productos, evitan el deterioro o la rotura y alargan la vida de los productos en los anaqueles.

El empaque en la promoción del producto alude al lenguaje visual, cuyos componentes se establecen a partir de códigos cromático, fotográfico, tipográfico y morfológico. Así, también utiliza la gramática visual como una forma de organización de significantes y significados.

En el empaque diseñado se utilizan colores establecidos culturalmente de acuerdo al género; esta distinción de color permite diferenciar los juguetes propios de varón y los juguetes propios de niñas. De acuerdo a la clasificación de los juguetes, en el rango de 3 a 8 años de edad, los juguetes marcan tendencia en el uso del color. Mientras que para las niñas se utiliza principalmente el rosa, también se recure a tonos pastel, como azul, violeta y amarillo. En lo que respecta a los juguetes para niños, en el mismo rango de edad, los colores son brillantes, se utiliza rojo, verde, azul, negro y colores metálicos. Los juguetes para bebé, a partir de los 3 meses y hasta los 3 años, son relativamente neutros y la gama de colores utilizados es fulgurante, para llamar la atención del infante.

El uso del color varía de acuerdo a la cultura. En este sentido, el rosa se considera como imagen de la feminidad; suave, romántico, tierno, delicado y débil. En lo que se refiere a la gama cromática utilizada en los juguetes para varón, el primer aspecto a resaltar es el uso de colores brillantes, como el rojo, que tiene asociaciones con fuerza, vivacidad, virilidad, masculinidad y dinamismo.

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Aunado a lo anterior, la significación del color se instaura de acuerdo a la época y el contexto social y cultural. En este sentido, Heller (2004) plantea un dato curioso: después de la Primera Guerra Mundial, el color rojo desapareció de los uniformes militares y de la moda civil masculina; dejó de parecer lógico vestir a los niños pequeños de color rosa. Asimismo, señala que la utilización de los colores rosa para lo femenino y azul para lo masculino se da a partir de 1920, época en la que se comienzan a producir tintes resistentes al agua hirviendo.

Por otra parte, la forma, como elemento visual básico, cobra significación al utilizarla en conjunto, es así que la forma se convierte en “código morfológico, comprende tanto los esquemas formales abstractos —plecas, planos, contornos, llamadas, etc.—, como elementos formales figurativos —dibujos, ilustraciones, viñetas, etc.— que integran un diseño. Pueden caracterizarse como orgánicas, geométricas, regulares, irregulares, etc., e identificarse por grados de iconicidad o grados de figuratividad” (Vilchis, 2002: 59). La forma por si sola tiene significación, pero utilizarla con otros elementos como color, textura, dimensión, otras formas y proporción adquiere otro sentido.

Evidentemente, en el lenguaje visual se utilizan elementos visuales para la construcción de mensajes, estos objetos ocupan un espacio determinado, con una serie de características internas y externas, “cualidades físicas y materiales como el color, la textura, el contorno y la disposición o configuración de características naturales específicas” (Vilchis, 2008: 88), así se configuran los aspectos espaciales de la apariencia. Entonces, la forma como ente configura la representación de una imagen, la cual es una representación de la realidad.

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Con información de Revista UNAM

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