2.- Honestidad

¿Nunca te ha pasado que compras un producto y, a la hora de abrirlo, el contenido es muy diferente al que muestran en la foto del empaque?

Estamos totalmente de acuerdo en que puede diferir la apariencia lograda en el estudio de fotografía o en el Photoshop a la forma en que en realidad luce nuestro producto, ¡pero no hay que exagerar!

En el momento que colocas una foto con un producto que parece diez veces mejor en el empaque lo estás condenando a decepcionar al cliente antes inclusive de probarlo y esto a la larga daña tu imagen y golpea de manera directa las ventas.

La honestidad es muy sencilla sobre todo si sabemos que los consumidores no tienen nada en contra de las cosas simples -al precio justo- mientras que estén enterados de que ESO es precisamente lo que están comprando. Te lo aseguro, todos esperan un poco de exageración entre la foto y el producto, pero esta no debe de ser tan grande.

Tus diseñadores deben de tener en cuenta que hay que representar el producto en la forma que más resulte favorecido, pero sin dejar que esa imagen brinde una falsa esperanza.

Tus consumidores merecen ser tratados de la mejor manera.